Traducción

domingo, 21 de julio de 2019

SAMBUCUS EBULUS


Saúcos marginales al borde del parque Ametzagaina   

Sambucus ebulus
Sambucus ebulus





Esta tarde tenemos viento sur y hace días que no ando por los senderos umbríos del parque Ametzagaina. Se me ocurre que es un buen pretexto para hacer una visita al regato fresco y selvático que corre al oeste del parque. Resulta un  refugio próximo, oculto y solitario, alejado del calor de las playas y de la barahúnda de los visitantes.







Sambucus ebulus








No se puede decir que haya llegado la canícula, pero el verano se hace notar. 
Aparcado en el camino, un joven dormita en un utilitario. Yo, a lo mío; que aún hay variedad de plantas en flor: corregüelas, pulicarias, hierbas de los pordioseros…
-¡No, por dios! El amodorrado en el coche no parece que se dedique a pedir por dios.









Sambucus ebulus







No le molesta el tráfago de la variante; sí, le resultará una cantinela adormecedora. 
Un poco más adelante me detengo junto a un seto a observar las umbelas de los saúcos, abiertas como sombrillas de la Belle Epoque
Se extinguió la moda de los quitasoles blancos de aquellos celebrados años y por aquí aún no la han restaurado los turistas orientales.






Sambucus ebulus







Vuelvo a los saúcos, que, vistos así de paso, no llaman especialmente la atención. Piensa uno, que son otra más de las plantas malolientes que adornan las lindes. 
Pero, no. ¿Qué tal si me detengo para apreciar la delicadeza de sus pétalos, no menor por repetida, o el destello de sus estambres? 
Me guardo unas cuantas fotos. 








Sambucus ebulus





- ¡Eh! Pero, ¿qué es esto? 
Militar gunea  Ez pasatu    
Zona militar    No pasar

Doble cartel sobre una valla recién puesta. No cierra del todo el paso. 
Debe de ser solo para vehículos, porque la advertencia de siempre estaba más abajo. 
En efecto; sigo adelante hasta entrar por el sendero que me lleva al regato. ¡Ja!








Lejos de la indiferencia de la lejanía, la deferencia de la proximidad
  
Sambucus ebulus

martes, 30 de abril de 2019

PICRIS HIERACIOIDES

Un paseo con colores y sonidos de tarde


Picris hieracioides
Picris hieracioides





La tarde soleada de finales de abril y el viento fresco del norte invitan a pasear por el Ulia. El paseo Arbola es un lugar tranquilo para a observar las innumerables flores silvestres de las orillas. Dejadas atrás las últimas viviendas me veo en la disyuntiva de andar hasta la cima o detenerme continuamente. Creo que podré hacer las dos cosas, dado que la tarde es larga y que hay atajos de subida.







Picris hieracioides







Pues sí que el paseo es tranquilo. Los paseantes de hoy no se detienen a preguntarme qué fotografío; es obvio: flores. Una señora sube sola hablándole al móvil. Debe de dedicarse a pintar cuadros y quiere terminar uno que le resulta complejo, según me lo hace saber por lo alto que habla. Tendrá tiempo de acabarlo antes de salir de viaje en junio. Y bla, bla, bla…







Picris hieracioides


Los espacios luminosos y sombreados del paseo y el verdor de las orillas me recuerdan otros ambientes bucólicos, máxime cuando me adentro por sendas, evitando el asfalto. En todo momento cuento con la musicalidad de variadas aves, que animan mis pasos. No sé ponerles nombre. Son como instrumentos melodiosos que sin verlos saboreo sus dulces trinos.








Picris hieracioides





Otro cantar son los sonidos que vienen de abajo. Una moto grande atruena con su fuerte ruumm, ruumm, ruumm… Otra más pequeña chirria con un penetrante riiiiinn, riiiiinnn, riiiiinnn… En unas obras, el martillo de compresor tabletea su tra, tra, tra, tra… Un tren mercancías debe de pasar pitando por el apeadero de Gros. Y de fondo, el tráfico de las calles que hace de violón de la orquesta de la vida de Donosti. Si tanto se nota desde esta ladera, ¿porqué me resulta desapercibido desde dentro?





Picris hieracioides






Ya voy camino del albergue de la cima y ahora es la música de algún aparato que deben de tener encendido los alberguistas. Una pareja está al sol hablando y tomando refrescos; una lectora tiene extendidos los pies sobre otra silla. Han trasladado el sabor acre de la ciudad a un paraje idílico. Les presentaría estas picris amargas, (picris es acre, amargo en griego) para hacer juego con la situación.







Sonidos con sabor en una tarde de primavera


Picris hieracioides

lunes, 21 de enero de 2019

VICIA SEPIUM

Aún con las rebajas, y ya a vueltas con la nueva temporada
    
Vicia sepium
Vicia sepium








Este inicio de invierno ha sido especialmente seco; casi no se ve nieve por el Pirineo próximo. Y hasta ahora no está resultando notablemente frío como para limitar el florecimiento de algunas plantas por los márgenes de los caminos. Así es como he podido ver floridas por Ulia esta especie de vezas (vicia).

Vicia sepium















No hace tanto que en Ulia había cantidad de huertas que ahora están en barbecho en su mayoría. Quizás, como recuerdo asilvestrado de aquellas huertas, quedan estas vezas que podían cumplir varias funciones: las vainas y granos servirían de alimento a aves de corral, nitrogenarían el terreno o cubrirían las empalizadas por ser plantas trepadoras (sepium).



Vicia sepium















Pero cercas de estas, también me las encuentro en la bajada a los cuarteles de Loiola desde Intxaurrondo y también junto a las empalizadas florecen estas vezas. Por aquí, las vezas de estas cercas deben servir, sin embargo, para alegrar el alimento de las ovejas que en estos terrenos triscan mirando al Urumea.





Vicia sepium















Es bonito ver ya en enero en las cunetas y lindes flores con variados colores y formas que se salen de lo típica simetría radial. Estas flores con pétalos alados, típicas de las legumbres, y que los botánicos creen ver similitudes con las mariposas (papillon en francés), son las papilonáceas, pero...







Vicia sepium








- ¿Y qué hace aquí este perro? - Mientras trato de fotografiar una de estas vezas, se me ha acercado un chucho. Le llama un chaval, pero ni caso. Aquí sigue; le deberá interesar la fotografía.
- Ay, cuidado- Ahora veo aquí mismo dos cacas de perro. Serán las que le han atraído; no mi cámara.
- Pues, vaya; va a ser uno de los riesgos de salirse del camino.















Por los caminos de Donosti, mirando flora y aguantando la fauna 
   
Vicia sepium

domingo, 6 de enero de 2019

SENECIO ANGULATUS


Muros floridos en invierno
    
Senecio angulatus
Senecio angulatus


Volvía de Loiola a Gros por el puente de Astiñene, puente que no figura entre los siete de Donostia, según las páginas turísticas; pero hay varios más. Uno de esos es el puente de Astiñene, que está entre los barrios de Egia y Loiola, junto al caserío de su nombre
Bien, pues al pasar, algo brillante llamó mi la atención, más que los muñecos del belén de Loiola.



Senecio angulatus











Y fue que, al mirar hacia el caserío ruinoso, vi unas matas cuajadas de flores amarillas en pleno invierno, ante la fachada que da a la margen derecha del Urumea. 
No me pareció, con todo, que esas vistosas matas sacaran de sus preocupaciones a los transeúntes que diariamente andan por la zona: no las miraban; no serían novedad.





Senecio angulatus











Y eso que, estas matas no solo crecen cabe Astiñene, si no que continúan hacia Egia por el costado del muro que sostiene la carretera. Parecen competir con las hiedras, escalando el muro desde las huertas junto al Urumea hasta el pretil de la acera. 
Por este parecido, unas flores tan compuestas como las margaritas, se llaman hiedras… del cabo.






Senecio angulatus






Las hiedras del cabo, en efecto, han venido del cabo, sí; pero no de uno de nuestros cabos, sino de El Cabo de Buena Esperanza, en la punta sur de África. No he llegado a saber si vinieron en plan turístico o si llegaron en pateras; pero es el caso que han venido para quedarse, al parecer y de momento, en las afueras.








Senecio angulatus






Y así es cómo las afueras de San Sebastián, cuya buena presencia no entra en las urgencias municipales, cuentan hoy día con el estimable adorno de estas flores extranjeras. 
Una vez más, son los de fuera quienes cubren las carencias que descuidamos los de casa: no solo no restan, sino que suman color y esplendor.  










Cálido colorido a cargo de plantas llegadas al invierno donostiarra

Senecio angulatus

jueves, 19 de abril de 2018

VERONICA CHAMAEDRYS

En los parques silvestres de las afueras, verónicas 
   
Veronica chamaedrys
Veronica chamaedrys





Las aventuras por las selvas asiáticas de Emilio Salgari se han perfilado en mi imaginación con paisajes frondosos como los que aún hoy día se conservan en algunas zonas del Parque Amegtzagaina. Como Salgari, quien no salió de Italia, debe de ser lo más parecido a una selva que yo mismo haya visto. ¡Y está aquí mismo!




Parque Ametzagaina











Antes de adentrarme en ese boscaje agreste, suelo pasar por el Camino Otxoki, donde florece esta especie de verónicas. Las veo por las orillas de la pista que va Loioala, tapizando el suelo (chamaedrys en griego), sin que las zarzas que las acompañan les impidan lucir su intenso color azulado.








Veronica chamaedrys








Estas verónicas salen en espigas que se alargan y dan la sensación de buscar la mejor pose para lucir sus cuatro pétalos, dos estambres y el pistilo. Claro que este esfuerzo, solo lo reconocemos quienes paseamos con tranquilidad estas tardes soleadas de Abril y no precisamente junto a los jardines de Alderdi-eder.







Veronica chamaedrys








En vez de la similitud de las plantas jardineras, por Ametzagaina disfrutamos aún de gran variedad de flores, que no se cuidan de respetar la linealidad ni la monotonía de especies y tamaños de otros jardines de renombre. 
Y es que saltas de un asombro al otro con solo dar dos pasos.









Veronica chamaedrys







Lejos de barullo turístico del centro o del ajetreo de Amara, que desde aquí se ven, estas verónicas ponen su nota de color junto a geranios, arces, vezas, euforbias, laureles, achicorias, palomillas y tantas otras plantas que crecen libres del control municipal. 









¡Y que por muchos años la guadaña nos las deje crecer en paz!

Veronica chamaedrys

domingo, 8 de abril de 2018

NARCISSUS BULBOCODIUM

El encanto sin narcisismo de los narcisos
    
Narcissus bulbocodium
Narcissus bulbocodium








Otros años a primeros de marzo, los herbazales de Urgull se poblaban de narcisos. Bajo los pinos florecían amplios grupos de esta especie, caracterizada por su amplio embudo amarillo festoneado que guarda unos estambres arqueados y similares en longitud. Otros puntos ya estaban cubiertos de prímulas.



Narcissus bulbocodium

















Este año, sin embargo, sólo pude ver algunos narcisos sueltos en Ulia y bien avanzado marzo. Había pasado cerca del molino y me pareció que bajando con cuidado por una ladera herbosa llegaría a algún sendero que conectase con el camino del faro. 
Acerté al encontrar los primeros, ya visitados por alguna arañita.




Narcissus bulbocodium













Justamente, bajando por esa ladera estaba el primer par de narcisos bulbosos (bulbocodiun) de la temporada. 
Ahora, ya bien entrado abril, he encontrado otros ejemplares tanto en Ulia como en el Jaizkibel. Sin embargo sigo sin verlos por Urgull, donde ya ha estallado la floración de prímulas, violetas, escilas, apios silvestres y hasta gamones.



Narcissus bulbocodium










Recordaré este año por haber disfrutado de un invierno típico, con los habituales con fríos, lluvias, nieves y vientos. 
Ya en abril, con el viento sur preponderante, tenemos días templados y chaparrones, que animan al florecimiento de las plantas, creo que con cierto retraso respecto a años precedentes. 


Narcissus bulbocodium












También he de recordar que según el naturalista romano Plinio, los narcisos deben su nombre no al joven narciso ahogado por mirarse en el agua, sino al poder narcotizante de la fragancia de este género de plantas. 
Sin embargo, esta especie de los alrededores no posee fragancia perceptible; aunque ¿cómo negarles el embriagador encanto de su estampa?







Refranero trucado: Abril, aguas mil, y narcisos más de mil

Narcissus bulbocodium